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No aprender de los errores.
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Aversión generalizada al riesgo.
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Necesidad de mayor colaboración: en muchas ocasiones los empleados son reacios a aportar nuevas ideas porque temen que otros se lleven el mérito.
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Demasiado énfasis en lograr mejoras sustanciales pero sin detenerse en otras que, siendo necesarias, son de menor impacto.
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No hacer análisis de riesgo-beneficio, necesarios para la toma de decisiones.
Además, dentro de la gestión de la innovación, a la hora de lanzar nuevos servicios o productos al mercado, los tres fracasos más generalizados están relacionados con la incapacidad de satisfacer las necesidades de los clientes (57% de las empresas), llegar tarde al mercado (54%) y un precio inadecuado (52%). Por detrás se sitúan la falta de una propuesta de valor nueva o única que sea percibida como tal por el cliente (50%), problemas relacionados con la cadena de distribución (44%) y previsiones erróneas sobre la venta del producto (43%).







