Evitar gastos innecesarios y abaratar costes debe ser casi una obsesión en su empresa, pero no hasta el punto de que el único objetivo pase a ser la supervivencia. Si el ahorro de costes no va acompañado de creatividad, aportación de valor, calidad elevada y medidas positivas, la empresa se convierte en un “bunker” que destila pesimismo (algo que termina llegando a los clientes y transmitiéndose a los trabajadores)… y del que todo el mundo quiere huir. Un error habitual en tiempos de crisis es concentrarse tanto en reducir costes que se olvidan las necesidades de los clientes que deben seguir siendo la principal prioridad.
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