Ser una tienda “low cost” no está reñido con ofrecer productos de alta gama si se cumple el objetivo de captar a un nuevo perfil de cliente o de ofrecer nuevas posibilidades a los ya habituales. Es el caso, por ejemplo, de la cadena de moda C&A, que acaba de lanzar en España una nueva lÃnea de ropa de gama alta para mujer denominada Yessica Pure, que rompe con los precios de menos de 9 euros habituales de la compañia. El objetivo de esta nueva marca es ampliar su oferta a la mujer joven, de entre 25 a 40 años de edad, con unos precios entre un 30% y un 40% más bajos que la competencia. Por su parte, la cadena de supermercados Lidl ha presentado una nueva gama de productos gourmet de marca blanca, con descuentos de hasta un 70% con respecto a los fabricantes de productos similares con los que compite.
La cadena de peluquerÃas EasyCut se ha inspirado en el low cost de las compañÃas aéreas para abrirse camino en el mercado. De hecho, se autodenominan como “la primera compañÃa de peluquerÃa de bajo coste en Europa”. Para adaptar este modelo de negocio low cost han creado una lista cerrada de precios en la que los clientes saben exactamente cuánto van a pagar por un corte, un peinado, etc., sin encontrarse sorpresas en la cuenta como un mayor precio por aplicar un champú especial. Además, han prescindido de todo lo que consideran que no es imprescindible para el cliente y que, sin embargo, repercute en el precio, como los cafés de cortesÃa o las revistas. En definitiva, se trata de ajustar los precios sin descuidar la calidad y eliminando todos los costes posibles.
Los costes de los viajes de trabajo son una partida de gastos significativa para la gran mayorÃa de empresas (a los costes de los billetes de avión, tren, coche de alquiler… hay que sumarles los correspondientes a comida, alojamiento…). La crisis económica es un buen momento para replantearse si la polÃtica de viajes es la adecuada y, si no lo es, si es posible introducir medidas correctoras para reducir costes. Tenga en cuenta estos principios: 1) evalúe cada uno de los viajes de sus empleados (¿son estrictamente necesarios?, ¿puede sustituirse el desplazamiento por otra alternativa: una videoconferencia, teleconferencia o un sistema de telepresencia, por ejemplo?, 2) sopese la opción de implantar la polÃtica del “low cost” en todos los niveles (tanto para directivos como para el resto de empleados). Esto se traduce tanto en contratar vuelos de compañÃas “low cost” como en sustituir los billetes de clase business por turista (los directivos de las empresas deben predicar con el ejemplo y demostrar que, en tiempos de crisis, son los primeros en “ajustarse el cinturón” y 3) evalúe si es necesario instaurar un sistema centralizado de petición previa de cada viaje para todos los trabajadores, incluidos los comerciales (obligar a cada empleado a pedir una autorización previa, con una estimación de gastos, cada vez que vaya a hacer un viaje de trabajo).
El low cost ha dejado de ser patrimonio de las lÃneas aéreas y ha pasado a convertirse en una fórmula de venta en todo tipo de sectores. Un ejemplo de ello es la empresa de relaciones públicas Lobby & Comunicación, que ha presentado un nuevo servicio de comunicación de bajo coste dirigido a pequeñas empresas. Por un importe desde 295 euros anuales, la compañÃa ofrece la redacción y emisión de notas de prensa, elaboración de boletines internos o discursos y organización de ruedas de prensa.
























